LA LLAMADA
Estaba desperezándome en la cama cuando sonó el
teléfono, pensé dejar que timbrara hasta
que se cansara, pero la insistencia del timbre me obligó a descolgarlo. No podía
presentir lo que me esperaba. La voz del otro lado era masculina y la asocie con
la de un amigo al que hace rato no veo
ni conversamos, me emocione cuando me preguntó si era yo el que estaba respondiéndole, le dije que sí, me dio
un mensaje apresurado que escuche atentamente,
fue breve y conciso, se despidió y de inmediato colgó, no dándome tiempo de
hacer comentario alguno. Colgué el auricular y medité, ¿Quien me había llamado? Lo que me había dicho
no tenía ningún sentido para mí, no se relacionaba con mi familia, ni el
trabajo, y no me dio tiempo de indagar
para saber quien me llamaba.
Mi teléfono no tiene registro
de llamadas por lo que no pude ver el numero ni verificar quien era el
misterioso mensajero, me dije para tranquilizarme –debe ser una llamada
equivocada--. En ese momento recordé que era sábado y no tenía trabajo. Me
estire en la cama y pensé – me levantaré, prepararé el desayuno, escucharé boleros
de mi amigo, el pintor España, leeré un
rato y en la tarde visitare a mis hermanos o iré donde mis amigos habituales.
Soy ingeniero electrónico, y laboro
en una prestigiosa empresa, mi trabajo
consiste en cuidar las sofisticadas maquinarias de tecnología de punta, lo cual
hago como si cuidara a mis propias hijas.
Cuando me disponía a salir al abrir la puerta, me llevé la sorpresa más grande de mi vida, ocupando
prácticamente la vía, varias patrullas de la policía, camionetas sin placas,
vidrios oscuros y gran personal uniformado y de civil, con gafas oscuras,
ubicados estratégicamente, vigilaban al frente de la casa, quise devolverme
pensando que estarían realizando algún operativo, pero de inmediato uno de
estos señores, se me puso al frente mientras atravesaba su pie derecho de forma
que evitara el cierre de la puerta. Me
preguntaron el nombre, me solicitaron los documentos de identidad, los cuales
pasaron por un pequeño artefacto electrónico que otro llevaba, ante la
confirmación de la identidad, fui llevado casi en el aire e introducido en una
de las camionetas, donde me colocaron esa odiosa herramienta mal llamadas
esposas y en cuestión de segundos todos se pusieron en marcha.
Fui llevado a un sitio totalmente
desconocido para mí, no sé si producto
del estado de nervios en que me encontraba, o por la celeridad con que los
hechos se desarrollaban. En una sala amplia de paredes vacías y luces escasas, una mesa también vacía
destacaba en el centro de la misma, junto a ella dos sillas una de las cuales
era ocupada por un hombre cuya cara no pude ver pues se encontraba en la sombra
protegido por la pantalla que tenia la lámpara que se encontraba a su lado. Se
me ordenó sentarme con una voz aparentemente cordial pero en el fondo
autoritaria. Desde ese momento, comenzó mi propio calvario. Dos señores de alta
estatura, corpulentos y caras de pocos amigos, prácticamente me arrastraron
hacia la silla vacía al lado de la mesa. La
potente luz de un reflector surgida de la pared del
frente me dio de lleno en el rostro,
haciéndome cerrar los ojos. Los dos “gorilas” antes mencionados colocaron una
especie de aro sobre mi cabeza, el cual tenía unas cadenitas y en sus puntas unas
pequeñas pinzas con las cuales agarraron mis parpados obligándome a mantener los
ojos abiertos soportando la luz
enceguecedora.
Una voz monótona más bien parecida a la
emitida por un robot, me hacia toda clase de preguntas, las cuales no alcanzaba
a asimilar debido al sufrimiento que me inferían las torturadoras luces.
No sé cuantas horas duró aquel
suplicio, creo que al final termine perdiendo el sentido, parece que el
cerebro, en su afán de preservar la vida del cuerpo, utiliza todos los medios a
su alcance para conservarla, a final de cuentas cuando hace esto, está
preservando la suya propia.
Cuando recobré la conciencia, no
pude saber si era de noche o de día, la oscuridad era total, mis torturadores
no se habían preocupado en quitarme las “esposas” de las cuales me percaté
cuando intente levantarme. Tenía un inmenso dolor en mis ojos, los cuales sentía
pesados tal vez por efecto de la hinchazón de mis parpados. Intentaba poner mis ideas en orden, por primera vez me
preguntaba ¿ Por qué razón me encontraba allí en esas circunstancias? Mi
cerebro no lograba poner en claro mis ideas, una serie de conjeturas se
atropellaban unas a otras, parecían el
rebotar de las olas que azotadas por una fuerte tempestad golpean en forma
incesante contra las paredes de un acantilado, regresándose con el mismo ímpetu
y desorden
.
Un fuerte tropel de muchedumbre
enfurecida, me sacó de un marasmo que no podría decir si era sueño. Traté de
concentrar mi atención para saber a qué se debía semejante barullo, cuyo ruido
lograba traspasar las herméticas paredes de mi celda.
Afuera se escuchaban exclamaciones
y consignas, poco a poco los sonidos me llegaban con mayor nitidez y
comprensión, los manifestantes –eso supuse--, protestaban por la violación de
los derechos humanos, por la libertad de prensa y de opinión, en contra de la
intromisión Estatal en la privacidad de los ciudadanos que se violaban:
interceptando las comunicaciones, los debidos procesos, abusando del poder exorbitante ante un ciudadano cada día
más indefenso y sin ninguna clase de derechos. Contra la mentira oficial, convertida
en verdad oficial. Por la abolición de entes
Estatales convertidos en descarada propaganda oficial. Contra la popularidad
mentirosa, logradas con encuestas amañadas, pagadas y amplificadas por medios
de información masivos, serviles y corrompidos. Contra la contratación oficial, convertida en
el paraíso que envidiarían Ali Baba, Morgan, y todos los piratas del Caribe. Humanizar
la salud, que no siga siendo el mero negocio de Centros clínicos, y monopolios farmacéuticos, en perjuicio de los
verdaderos enfermos del pobre pueblo. ¡Renovación pedagógica! gritaban enfurecidos, de una educación que va medio
siglo detrás con los tiempos modernos, y modelos académicos copiados de países
europeos muy diferentes al nuestro. Por los servicios públicos, los cuales
decían, debían ser prestados por el Estado y no dejarlos en manos de
comerciantes que solo persiguen el lucro
personal. Por la nacionalización de la banca, y expulsar a todos estos parásitos que nada
producen, pero que como el cáncer todo lo destruyen y aniquilan.
El rumor se hacía más fuerte, mi
mente cada vez más débil y agobiada por efecto del dolor, lo sentía retumbar
dentro de mi cabeza a punto de estallar, mis ojos trataban de encontrar un
punto, dentro de la nada que me envolvía, seguía escuchando en forma vaga, dentro
de esos destellos de conciencia, que aun mantenía.
La fuerte voz de una mujer, me
hizo volver al presente: ”Es necesario -decía-devolverle
la dignidad a la justicia, que asaltada por rábulas, le arrebataron la venda que le permitía ser
imparcial y la desnudaron para prostituirla”.
Otra voz se levantó dentro del clamor general
exigiendo: “Una democracia real y participativa y no esta democracia de
mascarada para beneficio de unos cuantos”.
Otro gritaba: “Queremos un congreso de gente digna, no de mafiosos,
tahúres, filibusteros y desvergonzados de todas las calañas”.
La voz de un hombre de edad
mayor, reposada pero con acento
atronador decía: “Por elecciones libres y democráticas, por gobernantes con
tallas de estadistas, que piensen en el ciudadano, en el presente del país y el
futuro de sus generaciones, que defiendan su soberanía e independencia y no la traicionen y la vendan por un plato de lentejas
o un puñado de dólares”.
La voz de un joven, que
identifique por el timbre de su voz, gritaba indignado: “Oportunidades para todos, con igualdad de condiciones, que el trabajo y la educación no sean
para beneficio de unos cuantos
privilegiados. Un futuro para la juventud, que las niñas puedan ser niñas. Que
las mujeres tengan los mismos derechos”.
Una anciana exclamaba: “Que aparezcan nuestros hijos desaparecidos y se investiguen los
falsos positivos”.
Un Campesino, alzo su voz y dijo:
“Por una vida digna para el campesino,
que se le garantice la venta de sus productos y no queden al vaivén de los
comerciantes oportunistas y sin escrúpulos”.
Un Indígena: “Que se reconozca la
dignidad de mi raza India, que nos den las
oportunidades a que tenemos derecho, se termine la discriminación y el despojo
de nuestras tierras.
Una
mujer: “Que la protección de los niños sea una realidad y no letra muerta de un
código sin espíritu”.
Mientras escuchaba extasiado el sonido atronador de esta multitud de
inconformes e indignados, queriendo traspasar las paredes que bloquean la
libertad de mi espíritu, dos “gorilas” me sacaron a rastras de aquel lugar, llevándome a un baño y al contacto con el agua helada, me hizo despertar
de este turbulento sueño…
TOMÁS CASTRO PÉREZ. (Autor, Junio 1°-2013)
Grupo literario “El Edén”.