domingo, 16 de junio de 2013

A UNA colombiana NUNCA LE DIGAS NO

Dentro de las innumerables historias que han llegado a nuestro conocimiento sobre los países árabes y asiáticos, es digno de destacarse esta breve historia, que cuenta un suceso ocurrido en aquellos remotos tiempos.

 Un famoso sultán, contaba con un harén de más de quinientas esposas y concubinas -era cuestión de prestigio tener el harén  más numeroso- aunque a muchas  de dichas mujeres allí secuestradas ni se les conociera jamás. La madre del Sultán era la persona que dirigía y organizaba el harén según la costumbre de la época. Así las cosas, se había establecido que cada una de ellas se encargaría -a fin de ocuparlas en algo-, de la comida que todos comerían durante el día correspondiente.

 Una de las concubinas, joven, color canela de excepcional belleza, según se decía era  nativa de una colonia suramericana, la cual junto con su familia habían sido atrapados en un barco que se desplazaba  a Europa y los piratas la habían llevado para venderla como esclava, pues su singular belleza la convertía en pieza atractiva para estos señores y por la cual la subasta obtuvo un valor nunca alcanzado por la venta de mujer alguna.

 Como era de esperarse, esta encantadora mujer contaba con ciertos privilegios ante el resto de concubinas, que le permitía  decir y hacer comentarios totalmente prohibidos para otras. Estando en las horas del desayuno, comentó que la víspera había tenido un sueño de cómo preparar un delicioso platillo con ingredientes conocidos en la región, la madre del Sultán de inmediato se pronunció con voz de sentencia: “Debe someterse a las reglas, puede hacerlo el día que le corresponda”. No se dijo más, la joven, incomoda, pues quería aprovechar la oportunidad para impresionar al Sultán que casualmente se encontraba presente, agachó la cabeza y tuvo que soportar las miradas insolentes y llenas de envidia no disimuladas de sus compañeras de infortunio.

 Al terminar el desayuno, el Sultán, en privado con su madre, le sugirió permitir que la nueva concubina les diera a conocer el plato que había soñado, pero ella respondió: “Debe esperar el turno”. Ante la negativa, consiguió se le avisara cuando le correspondiera el turno para estar presente y poder saborear el desconocido platillo.

 Pasaron al menos cuatro meses, cuando llegó el turno de la Colombiana, pues ella había sido de las últimas. Con la debida anticipación se invito al Sultán y todo se preparó para acontecimiento tan especial  que revolucionaria las costumbres culinarias de estos antiguos países- conocer un platillo exótico de una colonia americana-.

El Sultán, esperaba en su sitio de honor, debidamente preparado,  estaba expectante. Cuando se presentó la colombiana, los ayudantes colocaron en el centro de la mesa un ancho recipiente de acero, del cual escapaba un fino humillo por los alrededores de la tapa. Alzando la voz para ser escuchada por el Sultán y todas las presentes anunció: “Quise traerles el platillo que había soñado, pero al no ser posible y como seguí soñando con otros durante varios días, y no tener donde anotarlos, esto me produjo gran confusión al no recordar cuál era el elegido, así que les traje: arepas con huevos”.


TOMÁS CASTRO PÉREZ   ( Autor, Junio 2013)

1 comentario:

  1. Creo que la arepa con huevo quedó cruda. Dice una colonia americana y como lo dice hace entender que el lugar de origen de "la colombiana" es una colonia de un país musulmán, y más concretamente árabe. Esta parte "de dichas mujeres allí secuestradas ni se les conociera jamás", para mí el verbo conociera está mal utilizado y la frase en el contexto es inexacta porque no puedo saber a quién se refiere ni en qué tiempo; quizás, quiso referir "ni las conocería jamás", refiriéndose al Sultán. El título creó una expectativa que el final de la historia no satisfizo. La historia en sí, así como está presentada, no es interesante, es desde todo punto de vista intrascendente. Se olvida al minuto de haberla leído.

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