martes, 18 de junio de 2013

LA LLAMADA
Estaba desperezándome en la cama cuando sonó el teléfono, pensé dejar que timbrara  hasta que se cansara, pero la insistencia del timbre me obligó a descolgarlo. No podía presentir lo que me esperaba. La voz del otro lado era masculina y la asocie con la de un  amigo al que hace rato no veo ni conversamos, me emocione cuando me preguntó si era yo el que  estaba respondiéndole, le dije que sí, me dio un mensaje apresurado que  escuche atentamente, fue breve y conciso, se despidió y de inmediato colgó, no dándome tiempo de hacer comentario alguno. Colgué el auricular y medité,  ¿Quien me había llamado? Lo que me había dicho no tenía ningún sentido para mí, no se relacionaba con mi familia, ni el trabajo,  y no me dio tiempo de indagar para saber quien me llamaba.

Mi teléfono no tiene registro de llamadas por lo que no pude ver el numero ni verificar quien era el misterioso mensajero, me dije para tranquilizarme –debe ser una llamada equivocada--. En ese momento recordé que era sábado y no tenía trabajo. Me estire en la cama y pensé – me levantaré, prepararé el desayuno, escucharé boleros de mi amigo, el pintor  España, leeré un rato y en la tarde visitare a mis hermanos o iré donde mis amigos habituales.

Soy ingeniero electrónico, y laboro en una prestigiosa empresa,  mi trabajo consiste en  cuidar las sofisticadas  maquinarias de tecnología de punta, lo cual hago como si cuidara a mis propias hijas.

Cuando me disponía a salir al  abrir la puerta, me  llevé la sorpresa más grande de mi vida, ocupando prácticamente la vía, varias patrullas de la policía, camionetas sin placas, vidrios oscuros y gran personal uniformado y de civil, con gafas oscuras, ubicados estratégicamente, vigilaban al frente de la casa, quise devolverme pensando que estarían realizando algún operativo, pero de inmediato uno de estos señores, se me puso al frente mientras atravesaba su pie derecho de forma que evitara el cierre de la puerta.  Me preguntaron el nombre, me solicitaron los documentos de identidad, los cuales pasaron por un pequeño artefacto electrónico que otro llevaba, ante la confirmación de la identidad, fui llevado casi en el aire e introducido en una de las camionetas, donde me colocaron esa odiosa herramienta mal llamadas esposas y en cuestión de segundos todos se pusieron en marcha.

 
Fui llevado a un sitio totalmente desconocido para mí, no sé si  producto del estado de nervios en que me encontraba, o por la celeridad con que los hechos se desarrollaban. En una sala amplia de paredes vacías y  luces escasas, una mesa también vacía destacaba en el centro de la misma, junto a ella dos sillas una de las cuales era ocupada por un hombre cuya cara no pude ver pues se encontraba en la sombra protegido por la pantalla que tenia la lámpara que se encontraba a su lado. Se me ordenó sentarme con una voz aparentemente cordial pero en el fondo autoritaria. Desde ese momento, comenzó mi propio calvario. Dos señores de alta estatura, corpulentos y caras de pocos amigos, prácticamente me arrastraron hacia la silla vacía al lado de la mesa. La  potente  luz  de un reflector surgida de la pared del frente  me dio de lleno en el rostro, haciéndome cerrar los ojos. Los dos “gorilas” antes mencionados colocaron una especie de aro sobre mi cabeza, el cual tenía unas cadenitas y en sus puntas unas pequeñas pinzas con las cuales agarraron mis parpados obligándome a mantener los ojos abiertos soportando la  luz enceguecedora.

 Una voz monótona más bien parecida a la emitida por un robot, me hacia toda clase de preguntas, las cuales no alcanzaba a asimilar debido al sufrimiento que me inferían las torturadoras luces.

No sé cuantas horas duró aquel suplicio, creo que al final termine perdiendo el sentido, parece que el cerebro, en su afán de preservar la vida del cuerpo, utiliza todos los medios a su alcance para conservarla, a final de cuentas cuando hace esto, está preservando la suya propia.

Cuando recobré la conciencia, no pude saber si era de noche o de día, la oscuridad era total, mis torturadores no se habían preocupado en quitarme las “esposas” de las cuales me percaté cuando intente levantarme. Tenía un  inmenso dolor en mis ojos, los cuales sentía pesados tal vez por efecto de la hinchazón de mis parpados. Intentaba  poner mis ideas en orden, por primera vez me preguntaba ¿ Por qué razón me encontraba allí en esas circunstancias? Mi cerebro no lograba poner en claro mis ideas, una serie de conjeturas se atropellaban unas a otras,  parecían el rebotar de las olas que azotadas por una fuerte tempestad golpean en forma incesante contra las paredes de un acantilado, regresándose con el mismo ímpetu y desorden
.
Un fuerte tropel de muchedumbre enfurecida, me sacó de un marasmo que no podría decir si era sueño. Traté de concentrar mi atención para saber a qué se debía semejante barullo, cuyo ruido lograba traspasar las herméticas paredes de mi celda.

Afuera se escuchaban exclamaciones y consignas, poco a poco los sonidos me llegaban con mayor nitidez y comprensión, los manifestantes –eso supuse--, protestaban por la violación de los derechos humanos, por la libertad de prensa y de opinión, en contra de la intromisión Estatal en la privacidad de los ciudadanos que se violaban: interceptando las comunicaciones, los debidos procesos, abusando del  poder exorbitante ante un ciudadano cada día más indefenso y sin ninguna clase de derechos. Contra la mentira oficial, convertida en verdad oficial. Por la abolición de  entes Estatales convertidos en descarada propaganda oficial. Contra la popularidad mentirosa, logradas con encuestas amañadas, pagadas y amplificadas por medios de información masivos, serviles y corrompidos.  Contra la contratación oficial, convertida en el paraíso que envidiarían Ali Baba, Morgan, y todos los piratas del Caribe. Humanizar la salud, que no siga siendo el mero negocio de Centros clínicos, y  monopolios farmacéuticos, en perjuicio de los verdaderos enfermos del  pobre pueblo.  ¡Renovación pedagógica! gritaban  enfurecidos, de una educación que va medio siglo detrás con los tiempos modernos, y modelos académicos copiados de países europeos muy diferentes al nuestro. Por los servicios públicos, los cuales decían, debían ser prestados por el Estado y no dejarlos en manos de comerciantes que solo persiguen  el lucro personal. Por la nacionalización de la banca,  y expulsar a todos estos parásitos que nada producen, pero que como el cáncer todo lo destruyen y aniquilan.

El rumor se hacía más fuerte, mi mente cada vez más débil y agobiada por efecto del dolor, lo sentía retumbar dentro de mi cabeza a punto de estallar, mis ojos trataban de encontrar un punto, dentro de la nada que me envolvía, seguía escuchando en forma vaga, dentro de esos destellos de conciencia, que aun mantenía.

La fuerte voz de una mujer, me hizo volver al presente:  ”Es necesario -decía-devolverle la dignidad a la justicia, que asaltada por rábulas,  le arrebataron la venda que le permitía ser imparcial y la desnudaron para prostituirla”.

 Otra voz se levantó dentro del clamor general exigiendo: “Una democracia real y participativa y no esta democracia de mascarada para beneficio de unos cuantos”.

 Otro gritaba: “Queremos  un congreso de gente digna, no de mafiosos, tahúres, filibusteros y desvergonzados de todas las calañas”.

La voz de un hombre de edad mayor, reposada  pero con acento atronador decía: “Por elecciones libres y democráticas, por gobernantes con tallas de estadistas, que piensen en el ciudadano, en el presente del país y el futuro de sus generaciones, que defiendan su soberanía e independencia y no la  traicionen y la vendan por un plato de lentejas o un puñado de dólares”.

La voz de un joven, que identifique por el timbre de su voz, gritaba indignado: “Oportunidades  para todos, con igualdad de condiciones,  que el trabajo y la educación  no sean  para beneficio de  unos cuantos privilegiados. Un futuro para la juventud, que las niñas puedan ser niñas. Que las mujeres tengan los mismos derechos”.

Una anciana exclamaba: “Que aparezcan nuestros hijos desaparecidos y se investiguen los falsos positivos”.

Un Campesino, alzo su voz y dijo: “Por  una vida digna para el campesino, que se le garantice la venta de sus productos y no queden al vaivén de los comerciantes oportunistas y sin escrúpulos”.

Un Indígena: “Que se reconozca la dignidad de mi raza India, que nos den  las oportunidades a que tenemos derecho, se termine la discriminación y el despojo de nuestras tierras.

  Una mujer: “Que la protección de los niños sea una realidad y no letra muerta de un código sin espíritu”.

Mientras escuchaba extasiado el  sonido atronador de esta multitud de inconformes e indignados, queriendo traspasar las paredes que bloquean la libertad de mi espíritu, dos “gorilas” me sacaron a rastras de aquel lugar,  llevándome a un baño  y al contacto con el agua helada, me hizo despertar de este turbulento sueño…


TOMÁS CASTRO PÉREZ.        (Autor, Junio 1°-2013)


Grupo literario “El Edén”.

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