Me desplazaba en horas de la tarde con el carrito de compras, por el parqueadero de un centro comercial. Acompañado de mi hija adolescente, en busca del lugar donde dejamos nuestro vehículo estacionado. Al pasar por el frente de la garita donde controlan la entrada y salida de los automotores, un pequeño gatico, salió repentinamente de la misma, enredándose entre las piernas de mi hija. El gatico seguía corriendo junto a nosotros e intentaba subirse por la sudadera que la niña llevaba puesta. Lloraba intensamente y temblaba. En sus ojos se reflejaban: El hambre y el terror.
Mientras habría el baúl del vehículo para introducir las compras, el gatico intentaba ahora subirse por mi sudadera. En ningún momento paraba de llorar. Mi hija, lo levantó rogándome lo recogiéramos, le dije ¡NO!, pero ella insistía. Sacó una ayaca que llevaba en una bolsa, extrajo el pollo que esta contenía y se lo dio en un papel al lado del vehículo. El animalito se abalanzó y devoró gran parte. Luego en una tapa plástica que encontró cerca, le puso agua, de un grifo que estaba insertado en la pared, para riego del jardín.El gatico no cesaba de llorar, subiéndose desesperadamente por la sudadera de la niña, quien a la vez intensificaba su suplica en que nos lo lleváramos. Le argumente, que ya en la casa teníamos una gata y que su madre no toleraría un gato más. La niña alegaba que si lo dejábamos, por ser tan pequeñito, un carro podía matarlo.
Ante argumento tan poderoso, procedí llamar a la madre para consultarle. Le conté la situación y respondió, que lo recogiéramos. En fin, la niña se salió con la suya y el gatico se vino con nosotros a casa.
Nieve, era el nombre de la gata casera, apenas lo vio, le mostró su rechazo. Se encaminó hacia el gatico, con los pelos del lomo erizados, los ojos centelleantes, mostrandole los colmillos, a la vez que emitía fuertes resoplidos. Nieve con este comportamiento,mostraba no estar de acuerdo con la llegada del nuevo huésped y a la vez dejarle claro, que no era bien recibido.
Logramos aplacarla. Tuvo que resignarse, pero nunca lo aceptó. Siempre que lo veía, le dirigía sus fuertes resoplidos, haciéndolo con tal vehemencia, que duro ronca varias semanas, no pudiendo emitir sonido alguno.
Mientras HACHI, que así se llamaba - mi hija dijo que él la había escogido a ella- muy consciente de ser un recogido, interpretó a cabalidad su papel. No molestaba para nada. Salía a la calle para hacer sus necesidades y no le gustaba mucho ser acariciado.
Con el pasar de los días, nuestro pequeño e indefenso gatito. Se convirtió en un hermoso Gato. Alto, largo, de pelo marrón, con rayas longitudinales del mismo color pero más oscuras, ojos verdosos. Buen cazador de todo lo que veía, convirtiéndose en sus victimas: ratones, lagartijas, lobos pequeños, cucarachas y terminó con una familia de grillos agujas que tenían su hábitat en una mata de cayena del jardín.
Nieve, mantenía su enconado rechazo. Cuando le llegó la época del celo y Hachi pretendió acercarsele, con un zarpaso de su mano en la cara, que por poco le saca un ojo, dejó bien claro, que sus sentimientos no habían cambiado.
Por su instinto, Hachi, la seguía buscando y debido a su estatura y fortaleza, logró imponerse en la comida. A pesar de tener recipientes individuales. Nieve, esperaba que él comiera y luego lo hacia ella. Fue en lo único que le hizo concesión. Pero más parecía una demostración de dignidad. Un "juntos pero no revueltos".
Hachi, empezó a buscar en la calle, lo que no conseguía en la casa. Así comenzaron sus fugas nocturnas. Al principio, duraba un día perdido, después hasta cuatro días. Aparecía, comía y luego desaparecía.
Hachi, fue un gato que nos impresionó con su temperamento y conducta: Siempre fue un solitario, no aceptaba más de dos caricias. Fue un obsesionado con Nieve, que nunca lo aceptó y a quien vio morir sin quitarle la vista. Se acerco,la olió, como confirmando el hecho y luego se retiró.
A partir de este hecho, Hachi, sufrió un cambio total. Se la pasaba rezongando, de mal humor, exigía la comida y cuando llegaba de la calle se hacia sentir, como diciendo: Llego el señor de la casa.
Un día, estando acostado en la sala, le gustaba hacerlo en la mitad y en los lugares donde hubiera actividad: En la cocina, corredores, junto a las puertas, había que hacer piruetas para no pisarlo. Ese día, pasaba la señora, y de improviso saltó le abrazó la pierna, dándole dos mordidas y arañazos. Posteriormente estando en el cuarto, repitió la historia, terminando por cogerle miedo y separándose de él.
En otra ocasión, estando yo solo en la casa, leía un libro en la sala. Hachi, estaba sentado delante de mí, observándome atentamente. Sin previo aviso se abalanzó sobre mí mordiéndome la pierna. No tuvo tiempo de arañarme porque observe el movimiento y con el libro que tenia lo golpie en la cabeza. Salió huyendo, duró dos días perdido.
Una noche salió como era costumbre y no regresó. No le prestamos atención, pues con frecuencia lo hacia y nos dijimos: Esta enamorado. Pero, pasaron los tres, cuatro días acostumbrados y sin embargo no apareció.Hasta el día de hoy, ha transcurrido más de un mes y no hemos sabido nada de él.
A raíz de su desaparición, una de nuestras vecinas, vino muy sonriente a pedirnos un litro de leche para su gata y sus tres gatitos recién nacidos, alegando la paternidad de Hachi, ya que todas tienen su mismo color y una de ellas sus mismas rayas. A lo que respondí en forma jocosa: Primero les hacemos la prueba del adn.
Siempre nos preguntamos: ¿Qué será de Hachi? ¿Dónde estará? ¿Con quién estará? ¿Estará vivo o...?
Es mejor no pensar en eso, y recordarlo con el cariño que lo acogimos cuando llegó a esta casa.
TOMAS CASTRO Y LUZ MARINA. Autores, 2014
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